Señor Redactor 19/03/2018

La posibilidad contemplada a inicios del gobierno de Michelle Bachelet de acabar con la constitución de la dictadura y, quizás, poner fin al extremo neoliberalismo encarnado en nuestro diseño constitucional o a menos a la transición como período de nuestra historia constitucional, no solamente tenía tal importancia que hacía a esta posible medida acreedora de la calificación de histórica; también era, en su lógica más profunda, un ejercicio profundamente histórico, en cuanto nos confrontaba directamente con las grandes preguntas y problemas de nuestra historia nacional. La Presidenta parecía estar consciente de ello cuando el 13 de octubre de 2015, mediante un discurso televisado por cadena nacional, anunció que su gobierno daría inicio a un “proceso que nos permitirá tener una nueva Constitución para Chile”. La dimensión histórica de lo constitucional fue un eje central de su discurso. Bachelet calificó el esfuerzo por adecuar la Constitución a las nuevas realidades de la sociedad como una constante de nuestra historia constitucional (“Cuando cambia el país, sus ciudadanos y sus posibilidades de desarrollo, la sociedad ha buscado adecuar su Carta Fundamental”), identificó el origen de la constitución en dictadura como la razón histórica de que sus contenidos le transformen en un obstáculo permanente […]Articulo Original

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