Señor Redactor 10/04/2018

Quien ejerce el rol de jefe del segundo piso de La Moneda generalmente goza de una gran influencia, incluso más que la que tiene cualquier ministro del gabinete. Es que se trata de un asesor clave, con línea directa siempre con el Presidente de la República, el que está pendiente de la visión macro del proyecto político de la administración en ejercicio, en cierta forma es casi su guardián, está en todas las reuniones que definen el rumbo y decisiones del Gobierno, no necesita invitación ni pedir permiso, ni siquiera para entrar al despacho presidencial. Ese era el caso de Cristián Larroulet (UDI), hasta que corrió con colores propios con el decreto que modificó el protocolo de objeción de conciencia en la ley de aborto en tres causales, un paso en falso que empañó –reconocen en Palacio– el poder del que gozó este primer mes.

Es que no haber avisado al Presidente Sebastián Piñera que le había dado el vamos al Minsal para dar curso al decreto, en este momento no es un error insignificante ante el conocido estilo político que tiene el Mandatario. No solo está en todos los temas, sino que no comulga mucho con agendas paralelas a la que él tiene definida, ni menos con una autonomía que vaya más allá de la que haya otorgado.

El decreto salió publicado el 23 de marzo en el Diario Oficial y si bien públicamente La Moneda aguantó la lluvia de críticas sin dar señales de verse sorprendida por el momento en que se dio marcha a la medida, en reserva tres días después el Presidente Piñera le llamó la atención al ministro de Salud, Emilio Santelices, en una reunión que sostuvo con él en Palacio.

Hasta ahí el episodio se había logrado mantener tras bambalinas, pero cuando el miércoles 4 de abril se hizo público que el ministro Santelices había dado curso al decreto sin tener la venia de La Moneda, quedó en evidencia que Piñera había sido baipaseado por sus subalternos.

Ese mismo día, el secretario de Estado estuvo en la sede de Gobierno un par de horas, tuvo varias conversaciones en las que dio explicaciones y en más de una confesó que había hablado el tema previamente con Larroulet. Públicamente a la salida no dio nombres, pero se defendió diciendo que había informado al entorno presidencial: “Ustedes comprenderán la agenda que tiene el Presidente, no todos los temas los conversas directamente con él, pero sí los conversas con miembros del equipo y con eso uno cumple con el deber de tener las adecuadas coordinaciones”.

En Palacio explicaron que el Mandatario se sienta a la “exclusiva mesa de la toma de decisiones políticas y más relevantes” con dos personas a escuchar sus propuestas: Larroulet y el ministro del Interior, Andrés Chadwick, quien no solo es su primo, sino también el conductor político del gabinete y pieza fundamental del círculo de máxima confianza del Presidente. Hasta antes de que se hiciera público el episodio del Minsal, en La Moneda se decía que Larroulet era quien estaba abocado a poner el “tono político” del Gobierno, preocuparse de lo macro, de la visión que tendría esta administración y que, ante la coyuntura con Carabineros y otras hierbas, Chadwick se había dedicado más “a lo urgente”.

Entre las autoridades de Gobierno que conviven en Palacio trataron de bajarle el perfil al hecho: “Más allá de lo errado del procedimiento, que es así, se optó por acatar lo hecho, respaldarlo y, cuando se hace eso, no hay más que decir”, indicó un ministro del comité político.

Pero en La Moneda confesaron que en estos días el poder de estratégico jefe del segundo piso efectivamente se había empañado ante los ojos de Piñera: “El episodio de Santelices y el decreto le rayaron la pintura a Larroulet, este es el primer mal rato y desavenencia que tiene con Piñera”, reconocieron en Presidencia. El Jefe de Estado se molestó con su asesor y así se lo hizo ver la semana pasada y en el piñerismo insistieron en que “aquí hubo un error importante, este es un mensaje claro para el resto de los ministros”.

En el actual diseño de poder en La Moneda, Larroulet es quien ha llevado adelante la llamada “retroexcavadora silenciosa” que acusa la oposición en cuanto a los temas claves que impulsó el Gobierno de Michelle Bachelet: el polémico decreto lo que hace es que elimina la prohibición de recibir recursos estatales a aquellas instituciones que se resguardan en la objeción de conciencia para no aplicar abortos en alguna de las tres causales; el anuncio de retirar el proyecto de ley que eliminaba el CAE; y no dar curso al proyecto de Nueva Constitución que dejó enviado al Congreso la ex gobernante.

Pero por donde se le mire, la maniobra de Larroulet fue errática: no solo precipitó, para un momento político que no era el diseñado por La Moneda, los roces con la oposición y su aglutinamiento en la defensa de un tema emblemático, sino además dejó mal parado al Presidente y él mismo se sobregiró.

En la derecha y el piñerismo, donde conocen bien a Laroulet, no les llamó para nada la atención lo sucedido. “Es indiscutido que tiene hablidad para la cocina chica de las políticas públicas, esas pequeñas grandes cosas que sostienen el modelo, pero su problema es que tiene agenda propia y un asesor no puede tenerla, por lo que terminará chocando más de una vez con el Presidente Piñera”, explicaron en RN.

Otros agregaron que, entre sus debilidades en lo político, también está el “carecer de cierta sensibilidad política”, lo que en más de una ocasión causa daño al Gobierno, como sucedió con el decreto. Unido a eso, algunos en el piñerismo ponen el foco en que Larroulet es “evidentemente más conservador” que el Presidente en varias materias, que su línea política no está encuadrada en el programa gubernamental sino que en las directrices del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), el centro de pensamiento estratégico del gremialismo, del cual el ingeniero de la UC ha sido uno de sus líderes y conductores más relevantes. “Ahí hay muchos intereses claramente con el modelo más liberal y empresarial, que no siempre esta en sintonía con la idea de una derecha más moderna del siglo XXI”, sentenciaron.

Quién ronca al final…

Es sabido que una de las principales características de Larroulet es mantener un bajo perfil público y mediatico, muchos en el Ejecutivo comentan que casi es un “fantasma”, que siempre prefiere la segunda o la tercera fila en la foto, lo que no significa que ceda riendas del poder, al contrario, siempre está sentado a la mesa chica de la toma de decisiones políticas más relevantes. “No le gusta estar en papeles protagónicos, pero sí maneja mucho poder y desde el segundo piso ahora tiene mucho más manejo y capacidad de maniobra que cuando era el ministro de la Segpres”, afirmaron en Presidencia.

Uno de los mejores ejemplos del tipo de influencia que ha ejercido Larroulet en La Moneda está en la eleccción hace unas semanas del abogado Sebastián Soto como encargado de realizar la propuesta con los “acotados y ajustados” cambios que la actual administración está dispuesta a realizar en materia constitucional. El jurista es un académico de la UC, suena incluso para reemplazar el cupo en el Tribunal Constitucional que dejará esta semana Carlos Carmona, conocido por su perfil conservador y sobretodo, por su condición de “delfín” del jefe del segundo piso, ya que no solo trabajaron juntos en LyD, sino que ademas en la Segpres durante el primer gobierno, siendo el jefe de la división jurídica legislativa de dicha cartera.

Era Larroulet quien estaba viendo el tema del cupo en el TC, también los nombres que se barajan de la quina que este lunes deberá elaborar el pleno de la Corte Suprema, a partir de la cual el Presidente Piñera debe elegir un juez que proponer al Senado para que ascienda al máximo tribunal y reemplace el cupo que dejó en enero, al jubilarse, el conservador magistrado Patricio Valdés. También esta al tanto de la terna que tiene el Mandatario en su mesa con los tres nombres posibles –dos de ellos civiles de cepa– para escoger al nuevo director de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI).

En Palacio explicaron que el Mandatario se sienta a la “exclusiva mesa de la toma de decisiones políticas y más relevantes” con dos personas a escuchar sus propuestas: Larroulet y el ministro del Interior, Andrés Chadwick, quien no solo es su primo, sino también el conductor político del gabinete y pieza fundamental del círculo de máxima confianza del Presidente. Hasta antes de que se hiciera público el episodio del Minsal, en La Moneda se decía que Larroulet era quien estaba abocado a poner el “tono político” del Gobierno, preocuparse de lo macro, de la visión que tendría esta administración y que, ante la coyuntura con Carabineros y otras hierbas, Chadwick se había dedicado más “a lo urgente”.

Pero en estos días, el ministro del Interior –afirmaron en dicha cartera– ha vuelto la mirada y su atención a las definiciones relevantes pendientes, ha hablado con su par de Justicia, Hernán Larraín, sobre el perfil del nuevo supremo, así como del que debe tener el nuevo integrante del TC. No solo eso, la fórmula de las 5 comisiones para buscar acuerdos nacionales en materias como Infancia, Seguridad, La Araucanía, Salud y Pobreza, no solo tiene el sello y firma del ministro en su diseño y ejecución, sino que además, como estrategia política, ha traído puros dividendos políticos a Palacio, logrando poner el foco en el desorden y división de la centroizquierda, en contraste con un Gobierno que busca la unidad y el consenso.

En este segundo mandato de Piñera dicen que hay más tonelaje político en La Moneda, que Chadwick no está tan solitario, que el lugar de Larroulet en el segundo piso apuntaba precisamente a eso, pero reconocen que, tras la equivocación con el decreto del Minsal, el ingeniero gremialista salió perjudicado, debilitado y que el ministro del Interior sigue siendo “el que tiene más poder sobre todos, eso no se discute”.

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