Galette sin gluten con yogurt de coco y espárragos trigueros

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galette sin gluten esparragos trigueros

Si algo he aprendido en esta vida, y por más que nos esforcemos en demostrar lo contrario, es que todo cambia constantemente, no siempre estamos arriba, ni abajo, no siempre estamos felices, ni tristes, no siempre tenemos fuerza, a veces también nos sentimos débiles.

Si algo he aprendido es que todo, absolutamente todo, nace y muere, todo varía, todo cambia, se regenera y que nada es eterno. Incluso lo más personal, lo más aparentemente sólido, aquello que creemos forma parte indivisible de nosotros, está fuera de nuestro control, así que sólo se puede practicar la aceptación, la aceptación de que todo esta en constante movimiento, y todo está siempre bien. Y que después de una subida, siempre llega una bajada, igual que tras una tormenta, siempre hay un día en el que el sol vuelve a aparecer.

Vistas las circunstancias, si algo he aprendido, es que en todo este caos de vida, hay dos cosas, dos anclas, en las que nos tenemos que apoyar, en las que tenemos que creer: nuestra intuición y la confianza.

La intuición es nuestra guía, nuestra amiga, nuestra sabiduría innata. Si alguien me pregunta dónde está la intuición, mi mano acto seguido va a parar al corazón. Y es que es allí donde siento que se encuentra esa verdad, es allí donde se hace notar, la brújula que me sirve guía. Cuando mi corazón late fuerte, cuando soy capaz de sentir una certeza en mi corazón, no es momento para razonar en exceso con la mente, pues allí, por norma sólo residen los peros, los miedos, las cosas que me hacen dudar, me frenan y boicotean al corazón.

Y la confianza, confiar primero en nosotros, y después en que todo está siempre bien, aunque cueste de ver. No hay cosas buenas ni malas, las cosas que nos suceden, por mucho que nos puedan doler y que nos hagan llorar, simplemente SON. Nada es un fracaso, nada es un desastre y lo mejor de todo: nada es eterno. Todo se mueve. Todo es un constante vaivén. Y si algo he aprendido que es mucho mejor pensar así, pues de otra manera luchamos constantemente contra cosas que simplemente están fuera de nuestro control.

A inicios de verano tomé una decisión. Dejar la isla de Menorca, cambiar radicalmente de entorno, regresar a la ciudad ¿los motivos? Varios. Entre ellos mi necesidad de sentirme más conectada, para poder progresar tanto en mi vida privada como en mi trabajo. Pues tengo la sensación latente de que el tiempo en la islita preciosa ha llegado a su fin. Que ya me ha dado la paz que necesitaba para evolucionar y que ahora es momento de apostar por las nuevas ilusiones que aparecen en mi corazón.

Así que tengo que reconocer que mi verano a sido intenso. Intenso en emociones, intenso en ilusiones, en dudas, en proyecciones. Intenso porque me da cierto respeto regresar a la ciudad, con sus ruidos, su asfalto, su gente por todas partes. Intenso porque a la vez tengo ilusión, pues hay muchas cosas que he echado de menos y con las que me voy a reencontrar, cosas tan simples como ir al cine, pasear por las calles, descubrir nuevos lugares, quedar con mis amigas, salir a merendar… cosas que en la islita no tenían lugar.

Y entre todo este mar de sentimientos y emociones hay momentos en los que evidentemente aparecen la duda y el miedo. El miedo a equivocarme, a que las cosas no me salgan bien, el miedo a que la vida cómoda y placentera que he construido junto a mi pareja llegue a su fin.

Pero por suerte ese miedo es pasajero y se puede respirar. Nada es eterno. Todo se mueve. No hay mal ni bien. De nada nos sirve quedarnos en el mismo lugar, eso sólo nos puede llevar a la catástrofe de ver la vida pasar. Y hay que reconocer que pasa rápido, muy rápido. Y para evolucionar, para seguir persiguiendo nuestros sueños, es necesario soltar. Si no, muy difícilmente se puede dar cabida a algo nuevo. Y hay que soltar sin miedo. Sabiendo que de alguna manera todo se reorganizará como tenga que ser. Sabiendo en mi caso que si dejo la isla, si me canso de la ciudad, si las cosas no me salen bien, siempre, siempre, podré reinventar mi vida otra vez.

Así que, me pregunto de nuevo ¿tengo miedo? No, la verdad es que no. Tengo ilusión, que es el combustible que necesito para seguir los pasos que está marcando fuerte mi corazón.

Se que los próximos meses, quizás hasta la primavera, quién sabe si el verano, van a ser un poco caóticos. Prácticamente toda mi vida (en objetos) estará en un guardamuebles y yo viviré con las cuatro cosas que haya podido traer en el coche. Es un gran ejercicio para hacer (reconozco que el reto me apetece). Mi pareja se va a Madrid a perseguir sus propios sueños, a nuestros gatos los acogen unos maravillosos amigos que han caído como ángeles del cielo (porque a todas estas lo más complicado, lo que más nos ha hecho “sufrir” era, que íbamos a hacer con los gatos). Y a mi me recibe una amiga que está a punto de dar a luz, y yo que no he cambiado un pañal en mi vida, que no he tenido hermanos pequeños voy a acompañarla, voy a hacer de papá y me parece una experiencia GENIAL.

Y con todo este caos y esta aparente incertidumbre, lo cierto es que me siento FELIZ, porque en estos próximos meses mi intención es apostar por proyectos que me ILUSIONAN, proyectos con los que llevo tiempo soñando, proyectos que me unen a personas con las que sumo y en los que mi intención es seguir dando lo mejor de mi.

Así está mi vida, así están mis pensamientos y mi corazón y con todo esto, más mi libro que ya estoy a punto de terminar, apenas estoy encontrando tiempo para nada más.

Pero el otro día pasé por la tienda ecológica y tenían espárragos (si, hay que reconocer que no es temporada) pero me tentaron porque los tenían verdes y color púrpura y no los había visto nunca, así que decidí hacer esta galette sin gluten que hacía tiempo que me rondaba por la cabeza, pues registré una foto en mi cabeza de verla en algún lugar.

Con poco más que os puedo decir y toda una mudanza por organizar. LOL. Os dejo con la receta 🙂

¡Espero que la disfrutéis!

GALETTE SIN GLUTEN CON YOGURT DE COCO Y ESPÁRRAGOS TRIGUEROS

Cantidad: 4 personas
Preparación: 30 minutos
Cocción: 15 min
Utensilios:
Conservación: 3 días en nevera

Ingredientes base

1 T (100 g) de harina de almendra
1 T (120 g) de harina de arroz
3 C de arrurruz*
2 C psyllium en polvo*
1 c de sal
1/4 T de aceite de oliva
1/2 T + 2 C de agua para moldear

Ingredientes relleno

2 packs de espárragos trigueros
2 dientes de ajo
1 C de aceite de oliva
unas ramas de romero fresco
una pizca de pimienta un poco de sal
1/4 T de yogurt de coco o anacardos*

* Arrurruz: es un almidón y lo utilizo en la receta para dar cuerpo a la masa. Si no tienes, puedes omitirlo.

* Psyllium: en este caso nos sirve para casar la masa, nos hace de huevo. Es mi ingrediente favorito para esta finalidad, pues además absorve el exceso de humedad, dejando masas perfectas. Si no te es fácil conseguirlo, puedes sustituirlo por 1 C de semillas chía o lino molidas mezcladas con 3 C de agua y dejar que formen un gel que añadirás a la masa.

* Yogurt de coco: es una auténtica maravilla y muy fácil de hacer. Y en esta receta es mi sustituto de los lácteos. Si no lo has probado, te recomiendo mucho que mires la receta de mi blog y te animes a ello, pues es el yogurt más delicioso y saludable del mundo. Puedes pedir los cocos en cocofresh y utilizar el descuento “lalakitchen” válido hasta el 31/12/16. Si no te animas, puedes sustituirlos por una crema o nata vegetal.

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Preparación

Precalienta el horno a 200 °C

1. Pon todos los ingredientes secos de la base en un bol y mezcla bien.

2. Añade el aceite de oliva y mezcla bien, primero con cuchara y luego con las manos para que se impregne bien.

3. Añade el agua poco a poco y mezcla con las manos. Debes de conseguir una masa que sea moldeable, que puedas estirar con rodillo, así que ajusta con lo que necesites de agua y si te pasas, añade más harina.

4. Forma una bola y ponla entre dos papeles antiadherentes. Estírala con la ayuda de un rodillo, tratando de dar forma ovalada, en un grosor de unos 2 o 3 mm. Pon sobre la bandeja de hornear y reserva.

5. Quita la parte dura de los espárragos y mezcla junto con lo dientes de ajo bien picaditos, el romero, el aceite, la pimienta y la sal.

6. Pon el yogurt sobre la parte central de la masa y luego coloca los espárragos de forma ordenada sobre la masa. Añade todo el marinado por encima.

7. Recoge la masa sobrante para cubrir parcialmente el relleno. Si se te rompe un poco la masa o no queda muy bonita, no pasa nada, este punto rústico le da personalidad

8. Lleva a hornear unos 15 minutos en la parte central del horno o hasta que la masa esté hecha y ligeramente dorada.

Yo la he acompañado de una ensalada sencilla de hojas verdes, cebolla tierna, germinados de puerro y cómo no, mucha, muchísima levadura nutricional, limón y aceite de oliva.

ÑOM

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Articulo Original

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