Señor Redactor 08/04/2018

Una de las características más recordadas de los vikingos era su amor por los viajes marítimos, pues incluso, durante siglos gobernaron el Atlántico Norte viajando miles de kilómetros a sus colonias en Islandia y Groenlandia, pero lo particular era que se desplazaban sin brújulas, pues este artefacto aun no había sido introducido a Europa.

Muchas leyendas aseguran que estos personajes utilizaban una piedra solar para guiarse en sus desplazamientos. La idea era que al elevarla al cielo, ésta les revelaba la posición del Sol, incluso cuando los días estaban nublados.

Durante varios años los investigadores han estado estudiando este tema, pues incluso en 2013 encontraron un cristal rectangular en un buque de guerra inglés que naufragó en el siglo XVI. Tras este hallazgo, dos científicos de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest decidieron realizar algunas simulaciones en computador y han publicado un estudio en el que indican que, dos de estas piedras, un palo y un disco como el de Unnatoq “podrían producir un tenue patrón luminoso con el que se triangularía la posición del sol”.

Los resultados de la simulación de los viajes

En total, el equipo de científicos simuló 3600 viajes realizados durante el equinoccio de primavera, el presunto inicio de la temporada de viajes en mar abierto, y el solsticio de verano, el día más largo del año norteño. Los investigadores realizaron simulaciones de viajes entre Bergen, Noruega, y el asentamiento vikingo de Hvarf, ubicado en la costa sudeste de Groenlandia. Tal viaje tomaría alrededor de 3 semanas de navegación diurna a velocidades típicas del barco viking, que es aproximadamente 11 kilómetros por hora.

El estudio asegura que cada vez que se utilizaba una piedra solar, la nave simulada ajustaba su curso si era necesario. “Cuando se gira el cristal, dividiendo los dos haces con el mismo brillo, un navegante podría ver los anillos polarizados alrededor del sol, mostrando efectivamente su ubicación en el cielo”, indican los científicos.

En síntesis, los investigadores descubrieron que, independientemente del cristal (utilizaron tres tipos diferentes para sus pruebas) e incluso en condiciones nubosas, si el navegante fijaba la dirección norte periódicamente al menos una vez cada tres horas, conseguía una precisión del 92,2% al 100% aproximadamente.

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