Lo que te pasa cuando veís The Revenant y un regalo

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Por Catalina González P.

Llevai días sabiendo que deberiai que ver The Revenant. No sabís si ir al cine o convencer a un amigo nerd pa que consiga la versión más en alta posible. No te sentís culpable, sabís que Leo maneja un auto híbrido y eso significa que debe saber que las cosas no están fáciles, te perdonaría.

Te topai a Leo en los diarios, en la tele, en los paraderos, en un grupo de Facebook que promete llegar a Plaza Italia si gana el Óscar. Cachai que la película está dirigida por el mejor del momento, Alejandro González Iñárritu, que el director de foto es de los más grosos de los últimos tiempos, Emmanuel Lubezki, y está él, Leo, al medio de todo esto, like a Jesus en la santísima trinidad. Veís el tráiler. Leo corre, Leo salta, Leo se arrastra y te recuerda al lobo de Wall Street, Leo se caga de frío y solloza-moquitos-colgando y te recuerda a Romeo, Leo pelea, Leo pelea… con un oso. Estay cansado porque la pega es fome, porque el verano está bipolar, porque el fin de semana fue musho, pero tenís un pendiente mental que no para de jotearte: tenís que ver la escena del oso con tus propios ojos.

Y te instalai a ver la película. Igual le metís un poco de sicodelia por si acaso y no sabís si es eso lo que te acelera la cuchara, o es solo el hecho de saber que estay a punto de ver algo que no vai a poder parar de comentar los próximos días. Es casi imposible, es una cosa de probabilidades.

Todo parte con esas frases de enseñanzas melancólicas y sentís que hoy vai a aprender algo. No a enrolar con los ojos cerrados, no a hacerte un putito man bun, no. VAI A APRENDER ALGO EN SERIO: “As long as you can still grab a breathe, you fight”. Corta.

Screen Shot 2016-01-27 at 10.35.35 PM

Primero, te pasa algo técnico. Se desencadena una mini guerra entre los nativos y los nuevos, y los árboles filmados desde abajito te recuerdan a “El árbol de la vida”. Es la misma mano la que tiene la cámara, pero acá todo es más rápido, más coreografiado, más secuenciado. Más Birdman. La diferencia es que el caos no es Times Square Garden en calzoncillos. Son pieles y nieve y soledad. Es Canadá y fue incluso Argentina cuando las jornadas de rodaje ya no alcanzaban porque no quedaba luz y Lubezki fue claro: esto se iba a hacer con luz natural.

Te vai metiendo en la historia: te cae mal Fitzgerald pero te cae bien Fitzgerald. Encara a Glass por motivos que no le importan pero es el único que logra darnos más información de este personaje que apenas habla. Gracias a Leo no es ni necesario. Si era un hombre de pocas palabras después de lo del oso va a ser imposible. Gime, gruñe, respira, tirita, susurra como gritando, con rabia, desde la guata, y lo entendís. Te cae bien el Capitán pero igual pensai que es un maricón por irse. Te cae bien Bridger pero pensai que es una guagua. Y si te caía mal Fitzgerald, ahora vai a querer matarlo ¿quién es él pa decidir quién vive y quién muere? Rata. Te enojaste. Esto se volvió personal. Te sentai derechito en tu puesto, reincorporándote, como si fuerai a pelear con ellos, pero en la mitad de la película ya te diste cuenta de que tus problemas no son problemas. Que cuando decís que la vida está dura mentís. Porque tenís wazap, y tenís tinder, y tenís escaldasono-o-como-se-escriba en invierno y metro con ventilador con agüita cerda en verano. Porque siempre hay una señora, a la que la mayoría de las veces ignorai, que te ofrece parches curita pa que no tengai que andar semi inmolándote pa cerrarte una herida. Porque no viviste en esas épocas en que sobrevivir era lo raro, lo inusual, lo que te hacía especial. Porque veís a la niñita que te gusta y te cagai. Imagínate te topai a un oso. UN OSO. Imagínate ganarle y chantarte su piel encima para sobrevivir al frío. “Ay qué asco!”, dirán las rubias más atrevidas. Lo repetirán varias veces. Cuando Glass come carne. Cuando Glass usa a su caballito blanco de ruca. Pero a ti no te da asco. A ti te da fuerza y ternura en partes iguales. Cae la nieve sobre el caballito/casa y en tu corazón suena fuerte “El ciclo sin fin” del El Rey León. Te emocionai.

Hugh Glass hace una movida de película clásica y engaña al saco de hueás de Fitzgerald poniéndose la ropa del Capitán. De acá para adelante pensai que sigue peleándole a la muerte y buscando venganza como un animal, pero te dai cuenta de que se sacó al oso y es una persona. Una persona que decide dejarle la venganza a la vida.

Finalmente te quedai dormido con una sensación extraña. La película es impresionante, pero te dai cuenta de que nadie tiene más ganas de vivir que Leonardo Di Caprio. Te encantaría pero no, nadie. Ojalá quisierai tanto a alguien, ojalá tuvierai tantas ganas de vengarte solo por amor, pero nadie tiene más ganas de vivir que Leonardo Di Caprio; ni tú bailando let’s dance borracho, ni tú cuando esa persona que te gusta te dice que le gustai, NADIE! porque Leo sabe que después de esta viene un Óscar. TIENE QUE VENIR EL ÓSCAR. Pensai que tú no te vai a ganar un Óscar por nada de lo que estay haciendo con tu vida y te deprimís un ratito pensando en que erís uno de esos extras a los que les llega una flecha por suerte, así le muestran a su abuela que salieron en la película, pero no te importa. ¿Algo aprendiste cierto? “As long as you can still grab a breathe, you fight”. Te obligai a dormir a ver si mañana recordai esa frase y hacis algo que se parezca a dar tu pelea. En honor a Leo. Y si gana, vai a ir. Lo jurai. Vai a ir a Plaza Italia.

Y un regalo: el instagram de Lubezki con retratos y fotos hermosas que sacó durante el rodaje: instagram.com/chivexp

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