Mad Men me enseñó qué es una buena serie de televisión

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Mad Men me enseñó qué es una buena serie de televisión

Por Juan José Vásquez | 25-05-17

En la actualidad, ya perdí la cuenta de cuántas horas he pasado viendo series de televisión durante los últimos diez años. Entre ellos, no había tenido ganas de ver Mad Men, por un mero escepticismo que no tenía un fundamento real. La pateé lo que más pude, hasta que hace un mes atrás en que terminé de ver sus siete temporadas. Cada episodio tenía todo lo que yo necesitaba dentro del medio, y por cierto, me enseñó bastante.

El consenso de la crítica está dado por dos grandes nombres: Breaking Bad y The Wire. En realidad, la gente se puede separar en grandes grupos dependiendo cuál de las dos series prefiere. Pero Mad Men logró dar con una fórmula impecable para sintetizar ambos polos, en la capacidad para crear un personaje principal atractivo y complejo, pero a la vez, narrar una historia detallada a más no poder.

Para mí, la mejor serie hecha hasta el momento es Six Feet Under, a la cual, le tengo un cariño sentimental más que objetivo en cuanto se trata de un análisis teórico sobre cómo debería ser una serie de televisión. Lo menciono debido ya que, la serie de AMC me hizo apreciar aspectos que no había integrado al momento de analizar televisión. ¿De qué sirve tener un drama con personajes tan vívidos o tramas cargadas de suspenso, en el caso de Game of Thrones si no existe una sustancia que los una?

Una de las características más llamativas en Mad Men, es el detalle. El uso de vocablos como ‘’negroes’’ o las relaciones laboral que para la actualidad son sexistas al punto de ser realmente acoso sexual son parte fundamental de la construcción de una historia. El posicionamiento de marcas, las dinámicas dentro del matrimonio, el fluyo de dinero y una serie de dilemas entorno al desarrollo del tejido social de una década en Estados Unidos. Está tan llena de significantes que a ratos, se vuelve tediosa. Sin embargo, para el espectador que busca entretenimiento, es un drama que se mantiene entretenido y diverso durante 92 episodios.

Una serie de televisión no se trata solamente de cuán interesante puede ser su trama o sus personajes, tal sería el caso de House of Cards. Es un medio que permite contar una historia a un ritmo pausado, a diferencia del cine. No obstante, se da el lujo de explotar los recursos de montaje, fotografía y guión que el séptimo arte no tiene permitido hacerlo debido a la extensión del tiempo. Mad Men se jacta de todo eso, cada episodio es una pequeña película, con planos de cámara cuidados, una banda de sonora curada excepcionalmente para dar un reflejo de la época en que se encuentra ambientada.

En televisión, la primera regla fundamental es Show, don’t tell. Y en Mad Men, cada diálogo está regido por ello. Todo lo que no es dicho por un personaje, es parte de su lenguaje paralingüístico, las emociones en sus rostros, la cantidad de vasos de Stolichnaya o cada cuántos cigarros son apagados.

Puedo seguir escribiendo en detalle sobre las prendas de ropa, la paleta de colores de los sesenta, el influyo de la publicidad en la sociedad norteamericana o un análisis de cómo el personaje de Peggy es un ejemplo de la segunda de feminismo, pero lo importante no es lo que yo tenga para decir de la serie: es esperar que más gente la comience a ver.

Etiquetas : breaking bad , Game of thrones , house of cards , mad men , series de tv , Six Feet Under , the sopranos , the wire Deja tu comentario

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