Maltrato y humillación, no agresión sexual

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Los medios de comunicación y la redes sociales han vuelto a arder por las circunstancias en que se rodó la escena de la violación en El último tango en París. La realidad del caso sigue siendo muy indignante.

En estos tiempos marcados por el consumismo informativo, que nos induce a saltar de una noticia a otra sin profundizar en ninguna, y por la paradójica ceguera que nos causa no poseer un filtro adecuado para la sobreinformación, resulta difícil obtener la verdad de un asunto que se saca de quicio. Y, si ni tan siquiera parte de los periodistas hacen bien su trabajo a veces, la tarea se complica aún más. Es lo que está ocurriendo con la polémica en torno a la violación que sucede en una escena de El último tango en París, película de culto que el italiano Bernardo Bertolucci rodó en 1972 y que fue protagonizada por el estadounidense Marlon Brando y la francesa Maria Schneider.
Las reacciones contra la violación de Maria Schneider serían lo deseable para toda la sociedad si hubiese ocurrido. Pero no fue así

Lo que han publicado no pocos medios, sobre lo que están opinando un buen puñado de articulistas y lo que está corriendo como la pólvora por las redes sociales es que la violación de dicha escena fue real. Jessica Chastain tuiteó hace unos días lo siguiente: “A todas las personas que aman esta película: estáis viendo a una joven de 19 años ser violada por un hombre de 48. El director planeó su ataque. Me pone enferma”. Y, como la actriz americana, otros miembros de la industria de Hollywood, como los actores Chris Evans, Anna Kendrick, Michael Cudlitz y Evan Rachel Wood o la directora Ava DuVernay, han reaccionado de la misma forma. Es del todo comprensible, y sería lo deseable para toda la sociedad si estas informaciones fuesen ciertas. Pero no lo son.

Este gran revuelo ha resurgido después de que se rescatara, se malinterpretase o quizá se jugara al teléfono roto con el contenido de una entrevista grabada para un canal de televisión estadounidense que le hicieron a Bertolucci en 2013, en la que el único implicado vivo de los tres decía estas palabras: “La escena llamada «de la mantequilla» es una idea que tuve con Marlon esa mañana antes de filmarla. Pero me porté de una manera horrible con Maria porque no le dije lo que iba a suceder, ya que quería su reacción como chica, no como actriz. Quería que reaccionara al acto de humillación, que sintiese los gritos: «¡No!, ¡no!». Y creo que ella me odió a mí e incluso a Marlon porque no le contamos el detalle del uso de la mantequilla como lubricante, y me siento muy culpable por ello”.

violación en el último tango en parís

Rodaje de 'El último tano en París' – LaStampa.it

Sin violación real, debemos centrarnos en lo importante: el maltrato y la humillación a los que Brando y Bertolucci sometieron a Schneider

El mismo año, durante una entrevista para The Hollywood Reporter tras el primer escándalo ocasionado, Bertolucci declaró: “¿Fue sodomizada? Eso es ridículo. Es como pensar que en una película de acción alguien a quien le disparan muere de verdad. Es muy ingenuo”. No obstante, algún lector podría señalar que no tendríamos por qué creerle, en especial si la violación hubiese sido de veras, ya que seguro que intentaría ocultarlo. Pero, dado que el alboroto procede de sus revelaciones originales, su comportamiento no tendría ningún sentido, y está bien claro que se trata de una malinterpretación. Y ahora, tras la agitación reciente, Bertolucci ha manifestado: “Todo estaba escrito en el guion menos el asunto de la mantequilla. La violencia ya estaba ahí”.

Por otra parte, cuando aún no estábamos tan sensibilizados por esa violencia, la propia Schneider contó lo que sigue en 2007 durante una entrevista para el Daily Mail: “Debería haber llamado a mi agente o mandado a mi abogado al set porque no puedes obligar a alguien a hacer algo que no está en el guion, pero en ese momento no lo sabía. Marlon me dijo: «María, no te preocupes; es sólo una película», pero durante la escena, aunque lo que Marlon estaba haciendo no era real, lloraba lágrimas de verdad. Me sentí humillada y, para ser honesta, un poco violada, tanto por Marlon como por Bertolucci. Después de la escena, Marlon no me consoló ni se disculpó. Afortunadamente, sólo había una toma”.

violación en el último tango en parís

Rodaje de 'El último tano en París' – Repubblica.it

Los hechos traslucen la idea de que una mujer no es más que un objeto al que se puede utilizar para cualquier fin sin su consentimiento

Así pues, habiendo establecido que la violación de El último tango en París no fue real, debemos centrarnos en el aspecto verdaderamente importante de esta polémica: el maltrato y la humillación a los que Brando y Bertolucci sometieron a Schneider. El director, en la misma entrevista televisada, al preguntarle si se arrepentía de ello, tuvo la cara de granito para responder: “No, pero me siento culpable; culpable pero no arrepentido. Para hacer películas, algunas veces tenemos que ser completamente fríos para obtener algo. No quería que Maria fingiese su humillación, su rabia; quería que Maria sintiera, no que actuara con rabia y humillación. Por eso me ha odiado toda la vida”.

Esperemos que al veterano cineasta no le extrañe el gran desafecto que Schneider demostró luego por él y Brando, sobre todo porque acabó afectada psicológicamente debido al jaleo originado por la propia película y a las secuelas psíquicas que la experiencia le dejó. La conducta que ellos tuvieron con la joven actriz en aquella mañana de rodaje sólo puede describirse como repulsiva pues, además del mismo maltrato y la humillación que supuso para ella, trasluce la idea de que una mujer no es más que un objeto al que se puede utilizar para cualquier fin aunque no se le haya consultado ni se cuente con su consentimiento, que es precisamente una de las bases del machismo y de lo que conduce a las verdaderas violaciones, como las dos que Evan Rachel Wood explicó hace poco que ha sufrido.
Las explicaciones de Bertolucci son obscenas: se escuda en una argumentación artística tramposa para intentar dotar al maltrato de altura intelectual

Por ello las explicaciones de Bertolucci y su falta de arrepentimiento son inadmisibles, y muy obscenas al escudarse en una argumentación artística tramposa para intentar dotar al maltrato de altura intelectual. Lo suyo no fue atesorar esos momentos gloriosos que captó Víctor Erice en El espíritu de la colmena, rodada en 1973, un año después que El último tango en París: las reacciones reales de la pequeña Ana Torrent por lo que veía durante la proyección de Frankenstein (James Whale, 1931), su asombro ante la visión del monstruo y sus circunstancias. Bertolucci filmó un sufrimiento verdadero que él y Brando provocaron, sin necesidad porque para eso Schneider era actriz. Si Bertolucci quería captar algo real, que hubiese rodado documentales.

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