Señor Redactor 12/03/2018

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La reciente entrega del Mapa Nutricional 2017 de la JUNAEB levanta las alertas a niveles de prioridad sobre los hábitos de alimentación de los niños chilenos que pueden acarrear graves problemas de salud.

La Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) entregó el mapa nutricional 2017, basado en la condición de 806 mil escolares de 9.500 colegios municipales y subvencionados, de los niveles de prekínder, kínder, primero básico y primero medio; y que arrojó el preocupante dato de que Primero básico es el nivel escolar que presenta mayores porcentajes de obesidad: 23,9%; así como también que en el mismo nivel la obesidad afecta más a los niños (10,3%) que a las niñas (8,1%). Y si bien las razones de estos índices son multifactoriales abarcando desde lo cultural a lo socio-económico, las medidas a tomar deben ser transversales ya que los riesgos de un niño obeso son de cuidado.

Yazmín Zapata, académica de la Universidad San Sebastián explica que entre los riesgos está la posibilidad de desarrollar resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, aceleración del desarrollo puberal, síndrome de ovario poliquístico y alteraciones menstruales. “Otras alteraciones que son relativamente comunes de encontrar en estos pacientes son el aumento de lípidos sanguíneos y aumento de la presión arterial. Problemas más visibles pueden ser el pie plano, deterioro de la movilidad e intolerancia al ejercicio”.

De acuerdo con la nutricionista, la obesidad, independiente de la edad, puede afectar de manera negativa a casi todos los órganos y sistemas, “las complicaciones asociadas a la obesidad infantil pueden desarrollarse en el corto y en largo plazo. Sin embargo, hasta hace un par de años se hallaban sólo en la población adulta, pero hoy se encuentran con mayor frecuencia en los niños y adolescentes”.

Pero los problemas no se limitan al aspecto físico, “desde el punto de vista psicosocial, se produce una disminución en la calidad de vida producto de trastornos de ansiedad, depresión y baja autoestima. En resumen, los riesgos asociados son en muchos casos, similares a los de un adulto, la gran diferencia es que los años que quedan por vivir son más y la calidad de vida parece empeorar”, asegura Yazmín Zapata.

¿Cómo prevenir o intervenir en el caso de un niño obeso?

La especialista en nutrición infantil de la USS enfatiza que la prevención constituye la mejor estrategia para combatir la obesidad infantil. “Las intervenciones deben considerar a todos los sectores de la sociedad, involucrando desde la implementación de políticas públicas en salud hasta el trabajo familiar y escolar”.

Así, la académica propone iniciar la prevención desde que la madre sabe que esta embarazada. “Diversas líneas de investigación apuntan a que la exposición in útero de ciertos factores ambientales, como la obesidad materna, el tabaquismo, diabetes gestacional y otros; podrían predisponer al feto a desarrollar diversas patologías en la etapa infantil, entre ellas la obesidad. Por lo tanto la evaluación y control de la madre durante el embarazo es fundamental”.

Posterior a eso y una vez que el niño nace, Yazmín Zapata plantea que otro factor clave es la lactancia materna. “Los estudios son claros al señalar que la lactancia materna disminuye el riesgo de desarrollar obesidad en el futuro. Por lo tanto lo ideal es mantener la lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y posterior a eso hasta que la madre y su hijo lo decidan”.

Como nutricionista Zapata aclara que “rara vez nuestro objetivo va a ser disminuir significativamente el peso del niño, si no más bien nos centraremos en mejorar la salud física y psicosocial de nuestros pacientes, a través de la adquisición de hábitos de vida saludable. Para ello, la incorporación de estos hábitos a todo el grupo familiar es fundamental, ya que traerá consigo un mejor estado nutricional para toda la familia. No basta con entregar un menú especial al niño en tratamiento, o inscribirlo a una determinada rama deportiva si su entorno familiar continua con conductas obesogénicas”.

Obesidad, enfermedad contagiosa

La académica de la U. San Sebastián asegura que la obesidad es una enfermedad “contagiosa”, tal como sucede con muchos hábitos, “el entorno social contribuye directamente al desarrollo del sobrepeso y la obesidad”.

“Por ejemplo, cuando un niño ve a su ídolo, ya sea de la televisión, del futbol u otro, consumiendo un determinado alimento, se genera una necesidad de consumo. Cuando vas al supermercado en marzo y promueven packs de colaciones que sólo incluyen galletas y jugos azucarados, también se genera una necesidad de consumo. Estos son ejemplos cotidianos de cómo el ambiente en que vivimos promueve el consumo de alimentos poco saludables”, dice Yazmín Zapata.

La nutricionista concluye que afortunadamente en nuestro país, la ley 20.606 llegó a “frenar” la intervención de la industria, poniendo límites claros en cuanto a publicidad y venta de alimentos dirigidos a niños. Sin embargo a la luz del Mapa Nutricional 2017 esto parece no ser suficiente, “falta intervenir en el ambiente que más frecuentan nuestros niños, los colegios. Entonces el llamado es a promover la incorporación de nutricionistas en la educación preescolar y escolar, que asegure el éxito de los programas de promoción de hábitos saludables en la primera infancia”.

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