Señor Redactor 07/04/2018

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Por Hector Jara Paz

La naturaleza reina y derrama su luz bienhechora, cual Mistral enseñando sus leyes a los pequeños descalzos con el delicado manto de la ciencia.

Los grandes cambios del planeta siempre han estado antecedidos de caos e inestabilidad, la fenomenología meteorológica nos sorprende sin lugar ni tiempo, destrozando o eliminando todo cuanto ha estado al margen de sus leyes naturales, básicamente…”el equilibrio”.

Las especies del mundo animal, cuyo comportamiento mayoritario ignoramos, se adaptan o desaparecen. Uno o dos grados Celsius de variación en el ecosistema planetario, nos representa, a nosotros la especie dominante, en toda nuestra vulnerabilidad. En efecto, la ambición desmedida, la soberbia y la ignorancia del ser humano, lleva a sus liderazgos, de cuando en vez, a errar el camino del desarrollo.

Quisimos darle piso a la humanidad, creyéndonos creados a imagen y semejanza del creador, con un planeta al servicio de la humanidad…nos equivocamos; Quisimos creer posteriormente, que la racionalidad humana no tenía límites y una vez más, construimos una Torre de Babel con un modelo errado de súper hombre. El desarrollo humano lo entendíamos transformando el verde follaje de la naturaleza, en construcciones de cemento…nos equivocamos otra vez.

Hoy el cambio no está determinado por la filosofía humana, lo provoca una reacción natural de reacomodo de la naturaleza por los desequilibrios generados por sus habitantes, particularmente la especie humana, cambio global que los científicos han venido en llamar el Antropoceno. Una nueva Era, caracterizada por la influencia del hombre en el gran ecosistema.

En este marco y modelo científico, la especie humana se enfrenta a desafíos que dividen la opinión científica, en cuanto a soluciones. Los hay, quienes anticipan la inhabitabilidad del planeta, por lo que todos los esfuerzos se orientan a invertir en el espacio exterior; Otros, sostienen la viabilidad de adaptarnos a los cambios, que la tecnología nos permitirá sobrevivir, bajo tierra o en la profundidad de los océanos; También se lee a políticos, más que a científicos, que esto del cambio climático es una invención humana con fines comerciales y utilitarios.

Lo cierto es que cualesquiera de esas alternativas, conlleva la pérdida masiva de vidas humanas: La primera, será solo para una pequeña elite de ciudadanos, los más calificados para colonizar otro mundo; La tercera, representa el colapso global al menor tiempo posible; Solo la segunda se viste de Esperanza y Fe en el ser humano, en la capacidad de retardar los cambios y de preparar a la especie para su supervivencia, pero esta decisión, ha de ser de la gran mayoría de seres humanos que sean capaces de abrazar esta causa, que representa cambios conductuales, educación global, hábitos, fiscalización y líderes que estén a la altura del conocimiento.

Sin ideologías, solo existen intereses particulares o de grupo, que suelen hacerse transversales para proteger los intereses conseguidos.

El hombre no tiene capacidad de luchar contra los cambios de la naturaleza, pero si debe tener la mente esclarecida para detener las ambiciones desmedidas de un modelo que acelera el cambio hacia el abismo. Estamos presos de un modelo insaciable, con nuevos carceleros que no quieren pensamientos alternativos, solo consumo de bienes, explotación de recursos y por sobre todo, la conservación de la riqueza en las pocas manos que la detentan. Esta debilidad de la condición humana no es nueva, ha estado presente a lo largo de la historia, sin embargo, la diferencia es que hoy no se enfrenta a gremios o sindicatos adormecidos, hoy se enfrenta a las fuerzas de la naturaleza que le recuerdan a la humanidad su vulnerabilidad y verdadero sitial al interior del planeta.

Por ello es importante volver a construir los sueños, actualizar las ideologías y formar ejércitos que por sobre todas las diferencias, estén dispuestos a dirigir a los ciudadanos de la supervivencia, a concebir una sociedad solidaria ante la crisis y un Estado protector de quienes no tienen como o no podrán protegerse. Una tarea larga y de renovación permanente, de nuevos paradigmas, la verdadera revolución del siglo XXI.

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