Parientes en el Estado: un cambio de paradigma

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Julio Isamit Coordinador Político Republicanos

  • Por Julio Isamit

    Julio Isamit

    La crisis de confianza que experimenta nuestro sistema político puede estar explicada en gran parte por la consideración del Estado como un botín de guerra. Ad portas de una importante elección, éste es uno de los temas que las candidaturas presidenciales deben abordar con decisión.

    Actualizar la estructura del Estado, a una arquitectura del siglo XXI, requiere una profunda transformación. Se debe repensar los objetivos, metas y logros, así como el sistema de contratación, remuneraciones y permanencia de los funcionarios públicos; las relaciones laborales entre los funcionarios y el Estado y cuál será su impacto en la vida diaria de los ciudadanos.

    Además, el sentido y necesidad de cada repartición pública, ministerio o cargo estatal.

    En esa misma línea, es necesario considerar la necesidad de fomentar un verdadero sistema de igualdad de oportunidades, que premie la meritocracia y el esfuerzo, lo que es muy lejano a los beneficios de los parentescos que facilitan la vida de algunas personas, pero no contribuyen al bien de la sociedad en su conjunto.

    Del mismo modo, es urgente hacerse responsable del conflicto de interés entre las dirigencias políticas y la contratación de parientes, amigos u operadores políticos, que dan lugar a una vergonzosa cultura de clientelismo con cargo a los recursos de todos los chilenos.

    Hace algunas semanas, el parlamento francés aprobó por amplia mayoría la iniciativa del presidente Macron “Ley de confianza en la vida pública”, que establece la prohibición expresa a representantes por elección popular de contratar a parientes directos como cónyuge, pareja, padres o hijos. En caso de contravenir la ley, la sanción incluye desde multas económicas hasta penas de cárcel.

    En nuestro país existe una prohibición similar, aunque sin las sanciones equivalentes, pero que, muchas veces, es burlada a través de canjes y favores en distintas reparticiones del Estado. Los romanos sabían que el éxito de su república se debía a la importancia de sus costumbres. No por nada Cicerón, citando al poeta Ennio, afirmó que “la república se funda en la moralidad tradicional de sus hombres” (Sobre la República, Libro V).

    Las costumbres y las leyes son de vital importancia para cambiar el paradigma y recuperar las confianzas, para eso se requerirá tanto el compromiso personal de quienes queremos dedicarnos a la vida pública, absteniéndonos de caer en estas y otras prácticas, como de una legislación adecuada que ponga fin al clientelismo y al abuso.

    Chile debe abordar este problema con urgencia, para el prestigio de las instituciones públicas y un verdadero servicio a la sociedad.

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