¿Quién se ocupa del desarrollo?

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Se calcula que hacen falta US$2,5 billones para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en materia social y ambiental en países emergentes.

Cuando se habla de desarrollo, se calcula que hacen falta US$2,5 billones para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia social y ambiental en países emergentes. Sin embargo, la capacidad de todos los organismos multilaterales sumada a la de los gobiernos apenas llegaría a cubrir el 15% de esta suma. A priori estaríamos condenados a no alcanzar la meta.

Pero cuando surgen obstáculos, también aparecen soluciones innovadoras. Y una de las principales promesas es el financiamiento mixto, o blended finance en inglés, una herramienta que la OCDE define como el uso estratégico del financiamiento para movilizar capital adicional hacia el desarrollo sostenible.

¿Qué hace de este instrumento el ideal para el contexto particular de América Latina y el Caribe? En primer lugar, al ser una región de ingresos medios, la ayuda oficial al desarrollo que se le destina viene disminuyendo desde 2010. La OCDE estima que la región recibe el porcentaje más bajo de apoyo en comparación a las demás regiones en desarrollo, y no alcanza el 7%. Por ejemplo, a partir de este año Chile y Uruguay dejarán de recibir aportes financieros de parte del Comité de Ayuda al Desarrollo. Difícilmente los países donantes corten todo el apoyo, pero los modelos se tornan poco sostenibles. En ese escenario, la alternativa de financiamiento mixto se transforma en una opción atractiva, perdurable y con posibilidad de impacto en el desarrollo.

Una de las tendencias globales más notables es la creciente búsqueda por parte de los donantes de un apalancamiento de recursos de otros actores para generar impacto y escala todavía mayores. La OCDE estima que, si el 10% de la ayuda al desarrollo mundial se canalizara a través de financiamiento mixto, y asumiendo que estos instrumentos multiplican su alcance por 10, el modelo tiene el potencial de movilizar US$119 mil millones anuales adicionales en inversiones privadas. Un ejemplo notable es la Facilidad de Energía Sostenible (FES) para el Caribe Oriental, una iniciativa que ha recibido US$190,5 millones de inversiones. Los US$20 millones en préstamos y US$500 mil en recursos no-reembolsables que el BID contribuye efectivamente, apalancaron otros US$170 millones a través de un mix de recursos públicos, concesionales, donaciones, capital y deuda privada y fondos verdes.

Las finanzas mixtas tienen la capacidad de abordar los retos más urgentes de nuestra región y es preciso crear conciencia, promover proyectos atractivos y crear incentivos que amplíen su gravitación. El sector de infraestructura en la región requiere inversiones equivalentes al 5% de su producto bruto interno, pero actualmente las inversiones no superan el 2,5%.

Allí aparecen iniciativas como el Programa de Infraestructura Sostenible del Reino Unido (SIP, por sus siglas en ingles), lanzado por el Grupo BID y el Departamento de Estrategia de Negocios, Energía e Industria de ese país. Con una contribución inicial de aproximadamente US$240 millones, SIP busca catalizar inversiones privadas para acelerar el desarrollo de infraestructura sostenible con un componente de donaciones para preparar proyectos y recursos concesionales que permiten tomar más riesgo y a la vez tener un mayor impacto.

Los ODS no son solamente una hoja de ruta común hacia el desarrollo pendiente en nuestros países. Son también una llamada urgente a la acción, la innovación y la confluencia de recursos y herramientas que permitan saldar efectivamente las deudas globales.

Por: Matías Bendersky. Jefe de la Unidad de Alianzas y Movilización de Recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Fuente: ElClarin.com

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