Summer chia chocolate dream

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El otro día, en Madrid, divagaba con un amigo a cerca de la necesidad que tenemos los seres humanos, de etiquetarlo todo.

Lo cierto es que la raíz de la conversación venía de mi propia inquietud, pues le contaba que suelo paralizarme cuando alguien me pregunta a cerca de mi profesión. Tanto a nivel personal como profesional (tan íntimamente conectados en mi caso) me reconozco como una persona incapaz de encontrar una única etiqueta que la defina de forma global, precisa o lo que es aún peor: de por vida.

Y recuerdo claramente la primera vez que tuve que definirme (laboralmente) tras dar el paso de reconocer mi esencia y querer ofrecérsela al mundo. En aquel momento me encontré con una página en blanco que tenía que rellenar. Mi descripción. Quién era yo. Y ahora copio y pego lo que salió 4 años atrás y que es la única verdad con la que sigo sintiéndome identificada:

(…) A día de hoy y gracias a la iniciativa de comenzar un blog, me declaro activista de la salud y el bienestar, entusiasta promotora de que una vida larga y vital es posible. No encuentro un término que me satisfaga ni me defina. No soy muy amiga de las etiquetas, ni de los extremismos. No me siento vegana, ni vegetariana, ni crudívora, ni mucho menos carnívora. Soy un ser elástico, moldeable, que cambia, se adapta y evoluciona a medida que aprende y se supera. Creo en la bio-individualidad de todas las personas y creo en el respeto (…)

Y retomando la actualidad, reconozco que hoy siento más viva aún, si cabe, mi incapacidad de definirme, pues a simple golpe de vista, es fácil reconocer que incluso las etiquetas que mejor me definen (especialmente en el ámbito esencial) son entre ellas contradictorias.

Personalmente siento que las etiquetas encasillan, asfixian, ahogan, limitan y restan libertad. Las etiquetas son peligrosas, nos marcan y definen de una manera que nos la puede, muy fácilmente, jugar.

A título personal, me basta y sobra con saber que mi misión y mi compromiso en esta vida que vivo hoy, es la de aportar con mi experiencia mi granito de arena. Y con él, ayudar, si puedo, y a quién conecte conmigo, a despertar, a iniciarse, a reconocerse, a sentirse, a vivir la vida, a amarse, a ser felices y a nutrirse en el más amplio de los sentidos.

Para eso he venido.

Más allá de la forma, pues la forma siempre se transforma, muta, se adapta y reinventa según las experiencias que vamos sumando.

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, y exploradores por condición.

Así que ya no sé si soy cocinera, chef, profesora, emprendedora, activista, bloguera, influencer (que horror), guía, escritora, experta, o cualquiera de esas etiquetas que tanto parece que necesitamos poseer (al menos de cara a los demás).

Yo hoy soy más Elka que nunca. Mujer apasionada, dulce, sensata, centrada, salvaje, honesta, aniñada, sabia, torpe, alocada y todos los extremos y mitades a la vez.

Yo soy huesos, soy carne, soy dientes, soy ojos, soy manos, soy piel, soy barro, fuego, aire, mar y ceniza, pero ante todo y sobre todo, soy ALMA también. Y lo único que sé es que mi alma, mi esencia, mi yo verdadero es simple y llanamente amor. Igual que lo eres tu. Por que al final es de eso de lo que todos estamos hechos: AMOR.

Y ante algo de tan seria magnitud, siento que no necesito demostrarle a nadie ni mucho menos mi misma nada más.

Pues ese amor, él solito y sin necesidad de control, ya toma la forma de nuestras virtudes.

En mi caso, por ejemplo, cierto que la cocina saludable es una de mis formas de expresión, un don, quizás la que más domino a día de hoy y es por eso que se me reconoce pero… ¿soy por ello cocinera?¿profesora?¿experta? no, a mi cualquiera de estas etiquetas se me queda coja o incluso grande también.

Al menos así lo siento yo.

Y mientras yo sigo meditando a cerca de mi condición, aquí os dejo una merianda a medio camino entre un batido y un helado que estoy segura de que os alegrará el corazón.

Espero que la hagáis, la disfrutéis y la compartáis.

La creé hace unas semanas, estando en Menorca, pensando en vosotras/os y en vuestras familias y yo la disfruté una tarde que andaba necesitada un poco de ese tipo de amor.

A mi me encantó. Espero que os guste también (y muy especialmente a vuestros hijos) y sobre todo que la disfrutéis con esa conciencia, placer y bono extra de regalo que provoca saber que mientras te das un capricho de tal magnitud estás también nutriendo tus células. Porque en esta receta, y a diferencia de cualquier otro capricho empaquetado, todos los ingredientes son también alimentos, es decir, que éstos nos nutren y nos alimentan.

Como anotación decir que las semillas chía son opcionales en esta receta, sin embargo son nutricionalmente muy interesantes, pues aportan antioxidantes, proteína de primera calidad y ácidos grasos omega 3 (de propiedades antiinflamatorias) y especialmente interesante a tener en cuenta si vuestra alimentación es vegana o vegetariana.

Si eres de las pocas personas que imagino que habrán leído hasta aquí, quiero decirte que esta receta viene con un regalazo incorporado, y es el crumble de avena. Este crumble, atención porque se hace en tan solo 20 minutos y es lo mejor de lo mejor. El comodín más infalible si quieres alegrar un postre, un smoothie, un helado, un vaso de leche de almendra o cualquier cosa que se te ocurra. Es el gancho con el que puedes conquistar a tu pareja o a tus hijos o incluso a ti misma para tomarte este batido verde por la mañana. Así que no se te ocurra dejar de probarlo y si lo haces, por favor, no dejes de compartir conmigo como ha resultado.

Por cierto, aprovecho para comentarte que para hacer este tipo de recetas es ideal tener una buena batidora. Ello no significa tener que gastar un dineral, a día de hoy hay opciones que ofrencen un resultado impecable a precios amigables, esta es la más barata que hay y una súper favorita mia (con ella hice todo mi ebook de helados), perfecta para iniciados, sin necesidad de invertir un dineral. Y esta otra es mucho más completa (aunque el resultado final es el mismo) pero al venir con jarra pequeña nos permite hacer mantecas, salsas, picadas e incluso calentarnos un matcha latte (por ejemplo) sin necesidad de encender el fuego.

Si te interesa alguna, puedes utilizar el código LALAKITCHEN para tener un descuento. Yo te puedo asegurar que si alimentarte de forma saludable es una prioridad no te arrepentirás la compra.

SUMMER CHIA CHOCOLATE DREAM

Cantidad: 2 – 3 personas
Preparación: 15 minutos
Utensilios: batidora
Conservación: congelador

Ingredientes helado

100 ml de leche de almendra casera (u otra vegetal)
2 C de semillas chía
1 – 2 dátiles Medjool
¼ T de cacao crudo en polvo (ajustar al gusto)
2 o 3 plátanos congelados

ingredientes crumble

½ T de copos de avena s/g
½ T de harina de arroz
2 – 3 C de azúcar de coco
¼ c de vainilla en polvo
¼ T de aceite de coco derretido
una pizca de sal

Ingredientes salsa chocolate

2 C de aceite de coco
2 C de cacao crudo en polvo
1 C de sirope de arce, agave crudo u otro endulzante líquido

extra: avellanas tostadas

Preparación

1. Para hacer la crema helada pon en la batidora la leche, la chía, y los medjool y bate, cuando tengas una crema, añade el cacao y bate de nuevo. Por último añade los plátanos y bate hasta obtener una crema (una batidora con pistón ayudará mucho!). Reserva en el congelador hasta servir.

2. Para hacer el crumble de avena primero precalienta el horno a unos 180 °C.

3. Pon todos los ingredientes en una batidora o similar y tritura hasta que se haga polvo. Pon en un bol y añade el aceite de coco, mezcla hasta que sea un crumble. Si falta humedad puedes añadir 1 C más de aceite o agua. Coloca sobre una bandeja de horno protegida e introduce en el horno 10 – 15 minutos o hasta que se dore ligeramente (dale una vuelta a mitad de tiempo). Retira y reserva

Por cierto, si utilizas harina de avena en vez de copos, pon los ingredientes secos directamente en un bol, mézclalos y por último añade el aceite.

4. Para hacer la salsa de chocolate, prepara un baño maría y pon a derretir el aceite, luego añade el cacao y el endulzante, mezcla bien. Reserva hasta servir.

5. Sirve la crema helada con el crumble, un poco de salsa de chocolate y unas avellanas tostadas.

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