Teatro Nescafé de las Artes, la historia detrás del Telón

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Alfredo Saint-Jean e Irene González son la dupla a cargo de la gestión de este espacio; unidos en el matrimonio y en los negocios han sorteado con éxito la tarea de levantar un emprendimiento cultural desde cero.

  • Por Alejandra Rivera

    En la última década la esquina de Manuel Montt con Providencia, al norte, ha cambiado y seguirá cambiando. Este es el plan del gestor cultural Alfredo Saint-Jean y de su mujer, la periodista Irene González, los fundadores del Teatro Nescafé de las Artes, recinto que está dando nuevos bríos a este tradicional sector de la capital.

    Hace nueve años Saint-Jean, buscando una locación para presentar la obra “Plebiscito” de Antonio Skármeta, -que nunca se hizo- dio por casualidad con las instalaciones del antiguo Teatro Marconi, un lugar que conocía desde la década del sesenta y donde gestó más de 300 conciertos con artistas de la nueva ola y del folclor, además de bandas rockeras de la época.

    El recinto estaba en desuso, abandonado y clausurado, sus últimos inquilinos le habían dado el nombre de Teatro Providencia y lo habían convertido en una sala de conciertos rock, punk y metaleros. La oportunidad estaba y la tomó. Sin pensarlo demasiado arrendó el lugar a la familia Ghivarello, a quienes les contó los planes que tenía para revivir el teatro y les entregó el cheque del primer mes de arriendo “que nunca cobraron”, recuerda.

    Ese fue el punto de partida de un proyecto, de “un sueño personal”, como lo llama, levantar un teatro que hoy se posiciona como uno de los principales espacios culturales de la cartelera santiaguina y que tiene el récord mundial -afirma- de ser la sala con mayor número de espectáculos al año, -unos 400-, y con grandes éxitos a su haber, como la creación de la compañía de ballet dirigida por la ex primera bailarina Sara Nieto, las transmisiones en vivo desde el Metropolitan Opera House de Nueva York y una parrilla con teatro, musicales, conciertos, danza y humor, de Chile y del mundo.

    Pero en este camino no está solo. Lo acompaña su mujer, Irene González, junto a quien fundó en 2008 Engranaje Medios, la empresa familiar que está detrás de la gestión del recinto y en la que inicialmente también participaron su cuñada María Eugenia González y su marido Cristián Frederick.

    La primera tarea que debieron enfrentar fue titánica: la remodelación del recinto que demandó una inversión de US$ 1,5 millones, la que financiaron con recursos propios y a punta de créditos bancarios, y que hasta el día de hoy no han recuperado. “Nunca tuvimos la intención de recuperar ese dinero”, advierte Irene González, directora ejecutiva de Teatro Nescafé de las Artes.

    Lo cierto es que los ingresos, explica Saint-Jean, se destinan al pago de sueldos de la plantilla de 30 personas, incluidos ellos, y el resto se reinvierte, principalmente en mantención de la infraestructura que demanda actualizaciones mensuales.

    “Como presidente del directorio, recibo un sueldo, acá no repartimos utilidades. Y ese sueldo equivale al 25% de lo que recibe una persona en un cargo similar, es en beneficio del proyecto”, argumenta Saint-Jean.

    En estos nueve años el espacio ha logrado sortear las dificultades propias de un emprendimiento cultural, tornándose en un negocio que opera desde sus inicios con números azules, y que hoy registra una tasa de ocupación de entre 70% a 80% de un aforo de 1.000 personas y “fechas reservadas para espectáculos hasta mediados de 2018”, afirma González.

    ¿Cuál es la fórmula de éxito? Sin dudarlo ni un segundo, responden que el mérito está en tener una cartelera diversa, en la asociación con una marca y contar con la comunidad de las artes, cuyos actuales 50 mil socios, además de acceder a información anticipada y descuentos, tienen un espacio físico donde pueden adquirir entradas e incluso, conectarse a WiFi.

    “Lo que más identifica al teatro es la diversidad, la cantidad de espectáculos distintos que podemos tener incluso, en una misma semana y la libertad total que tenemos para programar lo que consideramos que es atractivo e interesante”, comenta González.

    Esta libertad, explica, les ha permitido armar una programación equilibrada, donde tienen cabida artistas muy conocidos, con otros desconocidos para el público chileno que descubren a través de las redes de productores con los que trabajan en varios países, además de la variedad de expresiones artísticas que incorporan.

    “Este equilibrio es el factor diferenciador, pues siempre vas a tener una sorpresa y buscamos que sea de excelencia. Uno de los ejemplos más relevantes, fue la cantante francesa, Zaz, que llenó el teatro dos veces, la llevamos al Caupolicán, lo llenó y luego al Movistar Arena, y surgió desde acá”, cuenta Saint-Jean.

    Otro ingrediente importante en el modelo de negocio fue la decisión de seguir la tendencia mundial de teatros de marca, porque es una de las fórmulas probadas en el mundo, y que les ha permitido mantenerlo en el tiempo y “existir”.

    “Hay marcas de todo tipo, pero optamos por Nescafé que es extremadamente amable. Un ejecutivo, Juan Pablo Cañas, creyó en la idea y durante seis meses desarrollamos el proyecto, se lo presentamos al directorio y el auspicio sigue hasta hoy. De hecho, el teatro se transformó en un nuevo producto de la marca que es vivible y es una experiencia”, afirma Saint-Jean.

    Un centro cultural para el barrio

    Por estos días están embarcados en un nuevo proyecto más allá del perímetro del teatro: crear una identidad de barrio, así como lo han hecho otras zonas de la capital, como el barrio Italia o Bellavista.

    “Queremos que se cree una identidad de barrio en Manuel Montt. Hay una bliblioteca, concentra la mayor cantidad de cafés y es el segundo en número de restorantes. No tiene una identidad, pero es mucho más que otros barrios porque funciona toda la semana”, dice el gestor cultural.

    Hasta ahora, han aportado con dos nuevas instalaciones además del teatro, una nueva cafetería bajo la marca de Nescafé y el espacio destinado a la comunidad de las artes, ambos aledaños al edificio principal.

    El próximo paso es conovocar a escultores para crear bancos de plaza con figuras de la cultura en bronce, para situarlos en las inmediaciones del teatro, tal como existen en otras ciudades.

    “La idea es aúnar los distintos interes de los restorantes, cafeterías y trabajar con la municipalidad para potenciar una la identidad de barrio”, comenta Saint-Jean.

    Y el broche de oro, adelanta González, será transformar el teatro en un centro cultural aprovechando dos grandes patios interiores, donde instalarán galerías de arte y zonas para otras manifestaciones artísticas.

    Un proyecto que están empezando a madurar y que esperan inaugurar, por lo menos parcialmente, el 6 de agosto de 2018, para celebrar su primera década de historia.

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