Señor Redactor 14/01/2018

Charlie Brooker ha asegurado en varias ocasiones que su inspiración procede en parte de la mítica serie de Rod Serling, un conjunto de historias que ya nos ponían la piel de punta teniendo miedo de una sola cosa: de nosotros mismos.

El estreno de la cuarta temporada de Black Mirror ha vuelto a ponernos a todos frente al espejo de nuestros principales miedos actuales -o mejor dicho, frente al reflejo oscuro de una pantalla apagada-. La serie creada por Charlie Brooker en 2011 es en una primera lectura un retrato de lo que el mal uso o abuso de la tecnología puede traer a la sociedad. Tecnofobia, futuros distópicos y temores relativamente próximos que, yendo al fondo de cada relato, son en cierto modo historias sobre lo frágil y mezquinos que podemos ser los humanos en un momento dado.

Desde sus inicios, o más bien desde el traslado de la serie a Netflix y su llegada a los grandes circuitos, Black Mirror ha sido comparada con The Twilight Zone, la serie que en su emisión original de 1959 a 1964 puso los pelos de punta a los norteamericanos también con capítulos autoconclusivos que exploraban el misterio y el avance de la ciencia y la tecnología en pequeños episodios que escondían un giro de guión de esos que te dejan pensando que el mundo está tomando un camino bastante desacertado.

Detrás de The Twilight Zone -serie que volverá próximamente con un reboot-, al igual que en Black Mirror, está la mente de un creador extraordinario. Rod Serling había ganado ya dos Emmys (acabaría su carrera con un total de 6) cuando lanzó a la CBS la idea de explorar a través de la ciencia-ficción un formato de historias cortas.

Su punto de partida, después de que le rechazaran un par de argumentos para el episodio piloto por ser demasiado deprimentes, fue asegurarse que durante las dos primeras temporadas él se haría cargo del 80% de los guiones. Una carga de trabajo brutal que remató siendo él el busto que introducía y finalizaba los episodios -como hiciera Alfred Hitchcock en sus producciones para TV- después de sondear al mismísimo Orson Welles para este puesto. El resultado, una cabecera y una sintonía que ya forman parte de la historia de la ciencia-ficción y que ha inspirado a nombres de la talla de Steven Spielberg, Stephen King o el mismo Brooker, seguramente el último referente del hombre-orquesta en la producción de formatos televisivos, tomando peso en la producción y guión de la mayoría de los episodios.

Crítica social, moralidad y miedo al futuro: una receta compartida

Las semejanzas entre The Twilight Zone y la serie de Netflix no es oculta. Desde sus primeros episodios Endemol, la productora detrás de Black Mirror, emitía notas de prensa donde comparaba su nuevo producto con la serie de los años sesenta dejando poco espacio para dudas.

Más allá del formato autoconclusivo, normalizado en los años sesenta, ambas producciones juegan con su título desde el comienzo. Si Black Mirror se refiere a cómo vemos nuestro reflejo en la pantalla apagada de un smartphone, The Twilight Zone se refiere a, en la época plena de la carrera espacial, el momento en el que los pilotos no conseguían ver el punto al que se dirigían por la luz crepuscular.

También se encuentran otros puntos comunes en lo referente a la producción: tanto Serling como Brooker han confiado en creadores de renombre para algunos de sus capítulos. El británico lo ha hecho por ejemplo con Jodie Foster a la dirección de Arkangel, el segundo capítulo de la última temporada de Black Mirror, al igual que el norteamericano dejó en manos de Richard Matheson -escritor de Soy Leyenda– guionizar varios capítulos.

Pero más allá de esto, si por algo se asemejan estas dos producciones es por su mensaje de fondo. Serling consiguió en The Twilight Zone incluir conceptos de crítica social velada por la ciencia-ficción, en la mayoría de ocasiones con tono más benevolente -y aquí quizá tenga algo que ver la decorosa sociedad norteamericana- que el corrosivo horizonte que nos planeta Brooker desde el primer capítulo de su obra. Sí, ese del cerdo que nos dejó con tan mal cuerpo.

Serling trabajó en dos guiones previos que fueron rechazados antes dar con la idea que acabaría protagonizando el primer episodio. Una de estas historias perdidas -aunque recuperaría los temas en episodios posteriores- trataba de la supuesta rivalidad entre Marcianos y Venusianos, en una clara alegoría del racismo vigente en aquellos años en Estados Unidos La segunda, llamada The Happy Place, partía de la idea de una sociedad donde los mayores de 70 años eran enviados a un mundo feliz, una idea que quizá te recuerde a San Junipero, el aclamadísimo capítulo de la tercera temporada de Black Mirror.

Aviso: A partir de aquí trataremos algunos de los temas que trazan varios de los capítulos de Black Mirror. No desvelaremos el giro final, pero queda en tu mano saber qué grado de tolerancia a spoilers tienes.

Finalmente los anunciantes y la CBS dieron luz verde a un capítulo inicial que trataba de un hombre que se despertaba en una ciudad completamente abandonada y que resultaba tener un final muy parecido a una película que veríamos casi 40 años después.

La serie avanzó por sus primeras cinco temporadas tratando temas sobrenaturales (aunque huyendo de los típicos fantasmas y hombres lobo), el avance de la tecnología, la exploración espacial y miedos colectivos como la posible eclosión de un guerra nuclear, como se hace en el capítulo Time Enough at Last, donde un hombre obsesionado con su falta de tiempo para dedicarse a su verdadera pasión, la lectura, celebra ser el único hombre vivo sobre la tierra ya que ahora sí que tiene todo el tiempo del mundo… aunque ocurre un perverso giro final.

Serling, como ahora Brooker, sobre todo abordaba algunos de los miedos de fondo inherentes a la humanidad por el simple hecho de nuestra condición humana, en la mayoría de casos desde la perspectiva de un ciudadano medio. Aquí van algunos paralelismos para darnos cuenta de que con redes sociales o sin ellas, los temores de Black Mirror y The Twilight Zone han cambiado más o menos poco:

El miedo a no agradar a los demás

Nosedive es uno de los capítulos más aclamados de Black Mirror, aquel en el que las personas se van puntuando de inmediato por medio de una aplicación. Las redes sociales y la autoexposición que nos imponemos hacen que el tema esté de rabiosa actualidad, pero en los tiempo de The Twilight Zone se abría paso otro mecanismo para resultar atractivo al resto que ahora es común: la cirugía estética.

En Number 12 Looks Just Like You Serling nos cuenta un futuro donde podemos elegir entre un número distinto de cuerpos al que queremos parecernos. Cada uno elige el que más le gusta, con el fin de tener la mejor apariencia posible, y quien no lo hace es perseguido socialmente por ello.

El miedo a los medios de comunicación masivos y las redes sociales

Capítulos de Black Mirror como Fifteen Million Merits o White Bear nos hablan del peligro de la ultraexposición, el morbo del voyeurismo y en definitiva de una versión extrema de los reality de televisión. Brooker trató esta idea antes de la serie en Dead Set, una ficción sobre un concurso tipo Gran Hermano donde ocurre fuera de la casa y sin que los concursantes se den cuenta un apocalipsis zombi.

Serling también abordó el morbo de la televisión antes incluso de que existieran los realitys en T_he Obsolete Man_, donde en una sociedad distópica se declara a un hombre inservible para cualquier labor, y se pretende retransmitir su ejecución en directo por la televisión.

El miedo al totalitarismo y caer presos de nuestros deseos

USS Callister es el capítulo inicial de la cuarta temporada de Black Mirror, y parece haberse inspirado claramente en Star Trek. Pero según contó el propio Brooker en una entrevista con Entertainment Weekly, hay un poso que procede del capítulo It's a Good Life, de la serie de Serling, en la que un niño con superpoderes es capaz de manejar la realidad a su antojo.

El miedo a la muerte

Como hemos nombrado antes, Serling escribió un primer guión que trataba de un lugar supuestamente feliz al que iban a parar las personas mayores. La idea la exploró más tarde en The Trade-Ins, donde se ofrece a las personas de avanzada edad cambiar su cuerpo por uno joven que puedan disfrutar varios años más. San Junipero no va exactamente de eso (hemos dicho que no te contaríamos los giros finales, tranquilos) pero también aborda la nostalgia de la juventud y los tiempos de vino y rosas que nos van quedando atrás.

El miedo a repetir el mayor horror cometido en la humanidad

Me Against Fire, de la tercera temporada de Black Mirror, se ha visto por muchos como una versión moderna de cómo el control mental y una versión parcial de la realidad puede llevar al hombre a cometer atrocidades contra sí mismo, hasta el punto de llegar a exterminar a otros seres humanos por el hecho de pensar que son diferentes y peores. En cierto modo, trata sobre la capacidad del hombre de repetir el Holocausto.

En The Twilight Zone también encontramos capítulos con esta temática. The Invaders nos cuenta la lucha de una mujer por eliminar a un grupo de pequeños alienígenas que han llegado a su casa (con un revelador mensaje final de los extraterrestres) y en The Eye of the Beholder se nos cuenta la historia de una mujer que aparece vendada a la que van a operar la cara por ser “un monstruo”, cuando en realidad los monstruos -unos personajes con una especie de cara de cerdo- son todos los demás. O quizá no.

El miedo a no pertenecer a un grupo

En The Monsters Are Due on Maple Street, The Twilight Zone cuenta la historia de un pequeño pueblo donde comienzan a ocurrir cosas extrañas. Es uno de los más recordados de la serie, quizá porque entre los habitantes de la ciudad comienzan a surgir rencillas, acusaciones de comunista entre ellos (uno de los temores de la época en plena caza de brujas), hasta desatarse la locura.

Black Mirror también explora esta temática en varios de sus episodios, como Hated in The Nation (el de las abejas drone) o White Bear, con personajes perseguidos con o sin razón fruto de la desconfianza de los demás y los prejuicios, que en parte también invaden al espectador. El miedo en definitiva a ser diferente y culpable por ello a ojos de los demás.

Quizá si has llegado hasta aquí te haya dado la impresión de que hemos querido argumentar que Black Mirror y The Twilight Zone son prácticamente lo mismo, pero sería muy injusto (y erróneo) por nuestra parte decir algo así. Cada una en su época exploró la angustia de la sociedad a la que se exponía y abrió nuevas perspectivas desde el mundo de la ciencia-ficción.

Black Mirror, más centrada en la Cultura Digital, y The Twilight Zone, en un mundo convulso donde el avance de la ciencia y la tecnología quizá iba demasiado rápido a la hora de plantear preguntas para una sociedad que aún no había encontrado respuestas a todos los conflictos que había vivido 15 años antes, y que aún coleaban en plena Guerra Fría. El reboot anunciado por CBS de The Twilight Zone, encargado a Jordan Peele (director y guionista de la aclamada Get Out), quizá plantea la pregunta de si dos series de esta temática puedan convivir y con qué éxito.

La serie ya se recuperó en los años 80 y en 2002 con una crítica modesta, algo que por puro egoísmo de espectador, esperamos que ahora se dé bien.

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